Con todo esto de la ley de caza a los perros salvajes, algo que de verdad me molesta, seguiré escribiendo para tratar de que algunas personas entiendan y puedan aprender de mi experiencia. Ya que matar a los animales libremente no es la solución. Cada seis meses tendremos el mismo problema por siempre. Y la única manera de solucionar esto es que las personas aprendan a ser responsables con sus mascotas. Y sobre todo, las personas DEBEN darse cuenta si son capaces de tener una mascota y lo que eso conlleva. Y así es como llego a Chiki. Les hablé de Albert y de como me sensibilizó y lo mal que lo crié los primeros años. Y que todo cambiaría al llegar a Concepción. Y así fue. Javier postuló a una beca conicyt para seguir estudiando. Y me pidió vivir con él. Debo decir que primero me asustó mucho, pero que finalmente era lo mejor para los dos, y sobre todo para mi, ya que tendría la oportunidad de seguir estudiando. Así que emprendimos el viaje el 2010. Fue complicado, ya que Concepción recién se estaba levantando del 27F y la ciudad y los alrededores estaban en pésimas condiciones, pero aun así las personas seguían luchando por salir adelante. Así que llegamos a Concepción en agosto de 2010. Primero viajó Javier, después Albert, y al final yo. Enviamos a Albert por Lan Cargo, ya que era lo mismo que viajara conmigo, esto porque en Chile no dejan llevar a las mascotas en cabina, lo cual es una lástima, porque de por si el viaje es estresante para las mascotas, hay que sedarlos o darles tranquilizante, y lo peor de todo es que los tratan igual que a las maletas, eso quiere decir que los tratan muy mal. Y de Punta Arenas no viajan directo a Concepción, por lo que Albert tuvo que viajar hasta Santiago y después a Concepción. Javier lo fue a buscar al aeropuerto, y gracias a dios en ese viaje llego bien. Así que comenzamos nuestra vida por primera vez todos juntos en un departamento en San Pedro de la Paz, en donde permitían mascotas. Es un condominio que si tienes suerte y no hay taco, te demoras 20 minutos en llegar al centro de Concepción, pero la realidad es que siempre demoras casi una hora. Y así comenzamos nuestra vida juntos a pequeño Albert. Mi pequeña familia. Nadie te dice lo complicado que es la vida de pareja, o los problemas que se pueden generar, o ni siquiera te dicen como afrontarlos. Y fue complicado. Había amor, pero faltaba comunicación. Leer ese libro "Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus" resultó ser esclarecedor en muchas cosas. Pero de todas maneras, aprender a conocerse es más difícil de lo que todos creen. Y sobre todo si toda tu familia, y tus amigos, están lejos, a miles de KM de ti. No hay donde escapar, no hay nada que hacer, no conoces la ciudad, y no conoces a casi nadie. Javier empezó enseguida con sus clases y tenía que ir al universidad, así que yo me quedaba sola con pequeño Albert. Sola, casi todo el día. Tuve que acostumbrarme a hacer el aseo, a cocinar, y a ver a Albert. El departamento tenia balcón, pero no era suficiente para mi pequeña bestia. Como no estaba castrado, y siempre ha sido muy territorial, comenzó a marcar el departamento. El balcón, en las esquinas, en la puerta principal. Y más encima el depa era alfombrado. Desde esa día, nunca mas me gustaron las alfombras. Tenia que limpiar a veces de rodillas la bendita alfombra. Y todo porque? Por no saber que eso pasaría y haber castrado a Albert a tiempo. Era culpa de mi perro? Por supuesto que no. Fue culpa de Javier y mía por no educarlo, por tratarlo como un bebé en vez de tratarlo como un perro, y sobre todo por no castrarlo.
Así que con todo eso, empecé a buscar en internet cosas para que dejara de marcar. Ninguna funcionó. Comencé a sacarlo a pasear 2 a 3 veces en día. Eso lo relajaba, no "ladraba tanto" (en eso tampoco lo educamos), pero tampoco funcionó con el marcaje. Fue complicado todo eso. Tratamos de entrenarlo, leí el libro de Cesar Millán, me sirvió para darme cuenta de varias cosas, pero hay que ser constante, y tampoco lo era. Albert se convirtió en mi única compañía en el día, así que lo regaloneaba bastante. Eso tampoco ayudó, porque las mascotas toman algunas actitudes que tenemos hacia ellos, como un refuerzo de las malas conductas. Los días en que lloraba (lloraba bastante, recuerden que estábamos solos con Javier, sin familia ni amigos) Albert intuía que estaba mal y se acurrucaba a mi lado. Me lamia las manos, o la cara, y de verdad era el mejor consuelo del mundo tenerlo. Así pasamos los primeros 4 meses juntos. Yo traté de prepararme para dar la PSU, pero la verdad no estudié casi nada. Me dedique a mis artesanías, a trabajar con lana natural de oveja que traje de Punta Arenas, y perdí mucha plata. Fue una experiencia de la que aprendí bastante. A estas alturas de mi vida, ya no cuento las "malas experiencias" porque en realidad no existen, depende de como nosotros las veamos. En diciembre viajamos a Punta Arenas a pasar las fiestas, y nos llevamos a Albert. Fue la peor experiencia del mundo. Lo enviamos de nuevo por Lan Cargo, y cuando llego a Punta Arenas, su jaula estaba rota. Quebrada en una esquina, y sellada con ese plástico que le ponen a las maletas. No podía creerlo. Nos imaginamos mil cosas. Se pudo haber arrancado y perdido. Se pudo haber golpeado. Lo llevamos enseguida donde su vete para que lo revisara. Por suerte estaba bien, pero me imagino lo que debe haber pasado, lo solo que se debe haber sentido. La vuelta, se fue conmigo en el viaje, porque Javier se fue primero para recibirnos en Concepción. No me dejaron llevarlo en cabina, pero al menos yo estaba con el en el aeropuerto esperando. Al menos en esas horas no estuvo solo. Y por supuesto puse una denuncia en Sernac, y después Lan me devolvió una jaula nueva. Eso es para ellos una mascota.
Y así fue como llegamos de vuelta a Conce, con energías renovadas después de haber visto a la familia, con un buen resultado en la PSU para mi, quería becas y eso tuve, y dispuestos a entrenar a Albert. Llevábamos un par de días, cuando después en un paseo descubrimos algo que nos horrorizó. Una garrapata!!! Albert tenia una garrapata en la cabeza. No sabíamos que hacer!!! En Punta Arenas no hay ni pulgas ni garrapatas. Así que como una buena madre sobreprotectora lo llevamos al veterinario. Por que? Porque Javier le sacó la garrapata y se le hinchó esa parte. En ese momento no supimos el bullying que nos hicieron en la clínica por lo cuáticos que fuimos, después con el tiempo, cuando nos hicimos amigos con la Vero (la veterinaria de mis mascotas, y una de mis mejores amigas) supimos que se rieron de nosotros por ser tan exagerados. La Vero nos explicó todo super bien, y nos dio una pipeta para Albert para las pulgas y garrapatas. Así que no volvimos hasta que rescatamos a la Osha, con el Chiki y la Julieta. Pero esa, es otra historia. Buenas Noches!!!



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